domingo, 5 de abril de 2020

LOS ABRAZOS PARTIDOS

Acompáñenme a ver esta linda historia...

Hoy me pasó un cosa sorprendente, maravillosa y nostálgica al mismo tiempo. Un momento de *serendipia* y casualidad, que uno no cree que pase en estos tiempos donde todos los días parecen ser iguales.
Saliendo a hacer el paseo diario con Lulú, me encontré con Lina, una amiga muy significativa para mi, de la que me había distanciado hace unos años por cualquier razón. No vivimos cerca y yo le perdí la pista desde hace un buen tiempo. No había manera de prever que nos íbamos a encontrar en ese preciso momento, y mucho menos en un barrio prácticamente desierto.
La alegría de vernos fue tan grande, que automáticamente y sin pensarlo nos abrazamos muy fuerte, como siempre. 30 segundos después, caímos en cuenta que está totalmente prohibido tener un acercamiento físico menor a un metro de distancia por el riesgo de contagio del Coronavirus.

Al despedirnos -ya a una distancia prudente- nos disculpamos por el abrazo que nos dimos, pues nadie sabe si es portador del virus y si puede ser el foco de infección hacia otros.



Mientras le seguía el paso a Lulú en su paseo, tuve una sensación de alegría y tristeza al mismo tiempo -con lo contradictorio que eso sea:
Concluí que los seres humanos somos hechos del tacto. Que necesitamos del contacto directo para saber que la más hermosa forma de comunicación es a través de la manifestación explícita de gestos de cariño.
(Un poco cursi. Pero es así)


*****
Quienes me conocen en lo personal, saben que a mi me encanta abrazar profundamente a las personas que quiero, porque esa es mi forma de decirles cuán importantes son para mi. Darles las gracias, felicitarlos, acompañarlos en momentos difíciles lo hago con un abrazo estrecho. Transmitirles mi energía con ese intercambio de cariño.
De hecho, hay personas que recuerdan el abrazo que nos dimos en alguna ocasión. Y ese puede ser el mayor halago que pueda recibir: ser recordada por ese gesto tan mío y tan cotidiano, que hago de manera desprevenida pero con pleno afecto.
Pero también me gusta manifestar cordialidad a personas que no son tan cercanas por medio de un abrazo sincero, si la confianza da la oportunidad.

*****
Digo todo esto, porque creo que lo más duro y difícil de entender es el distanciamiento físico, por supuesto. Pero para mi, la imposibilidad de dar un abrazo a mis papás, a mis tres sobrinos, a mis hermanas, aún viviendo a menos de un kilómetro de distancia y cuando nos reuníamos diariamente a almorzar juntos.
A mi familia extensa en Pereira o en Cali. A mis amigos de la universidad; a las amistades que están en México DF, en Santiago de Chile, en Medellín, o en el barrio Pasadena de Bogotá. Incluso, a antiguos amores, a los que hoy añoro y a quienes me encantaría dar un abrazo.



Por esto, y si alguien me pregunta sobre qué es lo primero que quiero hacer al salir de todo esto, es a recomponer los "abrazos partidos" (como el título de la película argentina) que nos deja el Coronavirus.






sábado, 21 de marzo de 2020

ESTO TAMBIÉN VA A PASAR: LAS LECCIONES DESDE MI ENCIERRO

Hay circunstancias en la que uno cree que está pasando por *el* peor momento de su vida y que de esa no va a salir. Ve con amargura y tan corto de miras las posibilidades en las que está, y no ve claro el momento en el que superará ese estadio. 

Eso es muy humano, propio de nuestra fragilidad. No es sólo un producto de la idea floja del "vaso vacío/lleno/a medias", sino de una real incapacidad de saber que a la "vuelta de la vida," hay otra vida.  

Todo esto, en el escenario del temible Coronovirus -el que ha sacado todos nuestros mayores temores como especie humana, como el caer postrados en enfermedad y en riesgo vital- nos está imponiendo inéditos desafíos que sólo quienes les gusta, o que por cualquier razón, están obligados a estar encerrados entienden.

Yo sé qué es eso. Del estar reducido a un lugar, sin ser un recluso. Quiero contar por qué y qué saqué de ese episodio de mi vida. 



Hace cuatro años me sometí a un confinamiento voluntario durante un mes. Más bien, diría que semi-obligada, porque no era una situación en la que yo estuviera totalmente de acuerdo.  

A principios de abril de 2016, luego de declarar mi separación de quien fue mi esposo por seis años, permanecí semi recluida en nuestro flamante apartamento en Santiago de Chile, mientras el otrora consorte viajaba por negocios al exterior. Por un pacto de silencio que debí acatar sin muchos ánimos, no podía mantener contacto con mis pocos amigos ni con mi familia política, pues nadie en el entorno cercano podía conocer la decisión de la separación, hasta que pudiéramos hacerlo público ante nuestros conocidos. Puras insensateces propias de ex maridos narcisos.

Un mes en el que sólo contaba con la compañía amorosa de mi perro pug Bugalú. Durante los días, me dedicaba a recoger y organizar en maletas los vestigios de los dos años en los que viví en Chile y los cuatro que viví en China. Ropa, souvenirs de viajes y elementos personales que se iban conmigo a la otra vida, cuando ya terminara este episodio.

Un mes sola, sin hablar con nadie, sólo saliendo para pasear al perro, es duro.

Y aunque yo siempre he sido una persona solitaria -hija menor de una familia de cinco personas, bien "rueda suelta" (como se nos dice a las personas que estamos siempre unos centímetros aparte de nuestro núcleo)- tuve que sacar nuevas estrategias para asumir con entereza el encierro. 

Por esa razón, creo que la experiencia de ese mes sirve como entrenamiento para el confinamiento que debemos asumir para evitar la propagación del Coronovirus. Y lo importante de eso son las lecciones personales que recogí, y que quisiera ofrecerlas a manera de sencillos consejos, que ojalá puedan serle útiles a quienes lean estas líneas.


Hablando a tu corazón

Durante ese mes, que asumí como una transición entre una vida antigua y una por venir, hice varias cosas que me mantuvieron a flote. Es normal que, haber dado por terminado un matrimonio, se tome como un filo emocional que lo pone a uno en una situación muy frágil. Pero siempre hay recursos, materiales e inmateriales, que salvan la vida literal y figurativamente:

1. La conexión digital con los seres queridos, que acorta distancias, da alegrías, alivia la ansiedad y sirve de "colchón" a larga distancia. Incluso, también para discutir y poner las cosas en perspectiva. Mi sesión diaria con mis padres por Skype, que incluía videos en vivo de la sesión de almuerzo familiar, era pura felicidad.

2. La presencia de Bugalú, y de los perros en general, que a su modo simple nos enseñan a vivir el hoy y el ahora. De ese simple acto de pasear con ellos se aprende a reconocer el mundo cada minuto, del gozo que significa el poder disfrutar de cada cosa que exploran, por más cotidiana que sea. De ese *mindfulness* en el que ellos habitan, mientras los humanos estamos insertos en el *mind full*, lleno de pensamientos sin cesar, ruido mental y distracciones.

3. La esperanza de que hay un futuro diferente, a la vuelta de esa vida. La expectativa de que va a llegar una situación más favorable nos mantiene en pie, porque tenemos la ilusión de que estamos viviendo en una transición, que es un paso obligado e incómodo para llegar a un estado mejor. La esperanza de que algo diferente está por venir es lo que nos permite permanecer como civilización y lo que verdaderamente nos hace humanos. 

4. 



"Hasta ahora, has sobrevivido el 100% de tus peores días. Esto también pasará".

Esta idea es poderosa: todo pasa y todo se termina. Lo bueno y lo malo. 

Me sirvió para sobrepasar un divorcio. Asumir largos períodos de desempleo. Me ha permitido sobrellevar una dura ruptura sentimental de hace unos meses y que hoy me está ayudando a sanar el corazón, a pasos agigantados. Y ahora, sacar fuerzas de flaqueza para enfrentar lo que se viene con el encierro decretado por el gobierno colombiano para reducir al máximo el contagio del Coronavirus.

Pero para esto, la introspección es necesaria. Poner las cosas en blanco y negro, y revisar todas las gamas de grises que tiene cada circunstancia. Aquí, hago una sencilla recomendación de una terapia muy amena y agradable, que facilita la reflexión:

Tomarse unos licores, poner la música de su preferencia; y, por qué no, ponerse a bailar, que es una de las cosas que más me gusta hacer en la vida.

(Yo me tomé el bar de la casa por completo durante ese mes, debo confesar). 

Y sí, esos licores en soledad me sirvieron mucho para pensar en lo divino y lo humano. Por eso, yo recomiendo a manera de una terapia sana y entretenida, que quienes estén en pareja o solteros disfruten un momento para brindar por cualquier motivo, para disfrutar durante el encierro y motivar un encuentro.

Porque como decía George Orwell, "lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano".

5. Y, por último, quiero dejar esta idea que para mi es muy poderosa y que me permitió ponerle fin a mi encierro en marzo de 2016 y darle el arranque definitivo a una nueva vida:

"Hay que aprovechar al máximo el momento presente, para conquistar esa eternidad que anhelamos". 

- Saturnino Gutiérrez, Presbítero

*****

CODA: 

Nos deseo a todos mucha fortaleza mental. Que a pesar de estar encerrados, podamos aprovechar este tiempo precioso que tenemos como individuos para crecer como especie. 

Para aprender de una buena vez cómo nos debemos relacionar con nosotros mismos, con los otros, con los que amamos y odiamos. 

De respetar y aprender a venerar la naturaleza, que nos está dando el "patadón" que nos merecemos por abusivos. 

Y, definitivamente, de una cosa sí tenemos que estar seguros: esto va a cambiar al mundo, para siempre. Nada va a permanecer, tal como lo conocemos. 

Como escribió el Dr. Martin Luther King: 

"Estamos atrapados en una red ineludible de mutualidad, atados en una sola prenda de destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente."

Que así sea.

martes, 16 de abril de 2019

EL MIANZI (面字) CHIBCHOMBIANO

Uno de los aprendizajes más fascinantes que se adquieren al vivir en China son sus códigos culturales, sobre los cuales se fundamenta su sociedad. A medida que uno va abriendo la mente y va dejando el rasero occidental de lado para evitar los juicios de valor, se da cuenta que los chinos son mucho más complejos de lo que uno cree; y que todas sus actuaciones, públicas y privadas, tienen una razón de ser muy poderosa.

Uno de esos códigos es el de "Perder Cara", o en chino Mianzi (léase Mian-Tsí). Como explica Jesús Rosas en su blog, el concepto de *cara* hace referencia "a la imagen relacionada con la dignidad y el prestigio que tiene la gente en su círculo social. Es la identidad de la persona basada en la opinión de los demás. El qué piensa la gente de uno es extremadamente importante en la cultura china y por lo tanto se debe hacer todo lo posible por mantener este rostro o mianzi en alto". 

Jack Ma, el hombre más rico de China, con cara de poco Mianzi (Fuente:
https://www.ambito.com/jack-ma-ceo-alibaba-y-hombre-mas-rico-china-se-afilio-al-partido-comunista-n5001845:)

Una de las tantas maneras en las que los chinos evitan perder cara es ocultando una mentira o no reconocer que desconocen algo; y que, por tanto, no pueden quedar en evidencia ante el otro, mucho menos si es una persona de mayor rango social o un extranjero.

El ejemplo típico de esto es cuando un occidental está en China y necesita ir del punto A a un punto B; y como desconoce la ruta y no entiende los caracteres chinos, obviamente tratará de pedirle ayuda a un local. En el mejor de los casos, el personaje tendrá la mejor voluntad de ayudarlo, pero no necesariamente tiene la claridad para guiarlo. Pero como el chino evitará "perder cara" con el extranjero, le dirá cualquier cosa para no dejar en evidencia su ignorancia geográfica. Y así, con muchas cosas de la vida cotidiana. 

El Mianzi es un término amplio, que se puede extrapolar a otras situaciones de la vida social, que están basadas en las conexiones de la palabra ofrecida y la confianza puesta tanto en las relaciones cercanas como en la esfera de los negocios o en la política. Se da, ante todo, cuando alguien promete algo que sabe que no lo va a llevar a cabo, pero dice SÍ aún cuando la realidad sea diferente y la voluntad no se cumpla. O porque no puede, o porque no quiere. Pero de cualquier manera evitará perder cara. 

El Mianzi Chibchombiano

Tomo este elaborado concepto chino para aterrizarlo en tierras colombianas, porque creo que se ajusta bien para describir algunos comportamientos que hacen parte de nuestra realidad social, aunque nos cueste admitirlo.

Aún sin aceptarlo, hay una característica muy colombiana que es la de decir SÍ, porque a la gente le da pena decir que NO. Y en eso, aunque no lo crea, nos parecemos mucho a los chinos. 

En nuestra vida como país pseudo-democrático -y justamente ahora, que estamos a escasos meses de elegir nuevos Alcaldes y Gobernadores en las regiones- le exigimos a los candidatos que sean honestos y directos; que no dejen en letra muerta sus promesas de campaña y que cumplan con su palabra. Como corresponde.

Pero no hacemos la conexión entre exigir el cumplimento de las promesas de sus líderes y cumplirle a nuestros semejantes, a los que les hemos ofrecido algo, cualquier cosa, pero que sabemos que no lo vamos a llevar a cabo. Exigimos que esos candidatos sean tan correctos, transparentes y proactivos; pero no entendemos que la confianza se construye en la promesa hecha con nuestros mismos familiares y amigos. En cumplir con esas expectativas generadas a otros. En "conservar la cara".

En la vida real, en las relaciones interpersonales de todo tipo, no somos capaces de sostener lo que le ofrecemos al otro. En mi círculo cercano, de confianza y cariño, he visto tristemente una y otra vez las promesas incumplidas y en desconocimiento a la palabra empeñada. Obviamente eso genera antipatías y distanciamientos. Desconfianzas y malentendidos. 

Como bien "sobreactuados" que somos los colombianos, ofrecemos hasta el riñón, pero no logramos siquiera prestar un hombro para llorar. Sin parpadear, prometemos una ayuda activa para conseguirle trabajo a un pana jodido, pero nos da locha “quemarnos” haciendo ese favor.

Utilizamos casi a diario la expresión “¿cuándo almorzamos?”, pero no tenemos la mínima intención ni de invitar a un tinto de greca. Y así: nos hacemos los pendejos, porque no somos valientes para mantener lo que dijimos; y tampoco para sincerarnos y asumir de frente que no haremos lo que dijimos, y no perder nuestro Mianzi chibchombiano. (Ojo, no me estoy refiriendo al tema de prestar plata, que es un asunto delicado pero bien diferente). 

Para los que se preocupan tanto diciendo que “qué país le dejamos a nuestros hijos”, pues bueno: enseñen a cumplir la palabra. Y si no lo va a hacer, mejor ni lo diga. Como dicen los gringos: “show, don’t tell”. O como dijo Woody Allen en una de mis frases favoritas:




Estoy segura que, al que le parece exagerado esto, tampoco le gusta que le incumplan con lo que le prometieron. Por si no quiere o le da pereza hacer algo, dígalo. Como dice el muy acertado dicho colombiano: “mejor colorado una vez, que descolorido toda la vida”. 

miércoles, 20 de marzo de 2019

¡CÓMO ME CANSA SER UNA MUJER!

Hace unos años, una antigua amiga del colegio escribió en Facebook una declaración sincera y desesperada, que se me quedó grabada por mucho tiempo. Era una declaración en la que verbalizó lo que muchas personas pensamos, o hemos pensado en algún momento de la vida, pero no nos hemos atrevido a manifestarlo, ni en privado y mucho menos en público. Pero ella lo gritó:



Sí, MUY es agotador ser mujer. Tener sentimientos de mujer carga a cualquiera.

Y, por favor: antes de que salten todas mis congéneres, mis sororas, mis hermanas universales y todas las damas de buenas costumbres que quieren pedir que me quemen en la hoguera, las invito a que hagamos esta reflexión desde la condición de ser mujer y la de nuestra contraparte, los hombres.

¡¿Feliz día del Hombre?!

Al parecer, nadie lo veía venir, pero se ha instaurado un Día del Hombre cada 19 de marzo, sólo unos pocos días de haber celebrado el nuestro, que ya es una institución cada 8 del mismo mes. Leí en alguna parte que la escogencia del día se debe al santoral, que le asignó a San José este día. Que su fervor se debe a que fue el proveedor de la Sagrada Familia, y que por eso simboliza la abundancia y la prosperidad para el devoto.

Debo decir que la asignación de esta fecha me pareció bonita y me conmovió. Como los hombres usualmente se molestan y se mofan del Día de la Mujer, pues me propuse publicar un mensaje cariñoso para felicitarlos:


De manera sorprendente, tuvo una buena acogida entre los contactos masculinos y algunos agradecieron el texto. Eso sí, ninguno salió a reclamar derechos; ni fomentar las diferencias entre 
los géneros; ni hablar de las "nuevas masculinidades". Todos tranquilos asumieron el mensaje sin hacer chistes fuera de tono ni hacer declaraciones vehementes en contra de las mujeres.

Yo creo que ningún hombre esperaba flores o una salida a cenar, ni llamadas, ni nada de lo que a las mujeres nos gusta recibir los 8 de marzo. Pero un pequeño reconocimiento a la masculinidad no está de más, porque las mujeres debemos admitir que los hombres sí hacen parte fundamental de nuestra existencia, en cualquier rol que ellos ejerzan.

Pesos y contrapesos

Hace unos meses, tuve una conversación muy interesante y profunda con mi sobrina Isabella (12 años). Ella se quejó de lo frustrada que se sentía con respecto a las niñas de su curso, que no la tenían en cuenta para socializar y la "ninguneaban" sin una razón clara. Para mi, esa descripción fue como haberme devuelto 30 años en mi propia vida: mi paso por primaria en un colegio femenino de Bogotá fue similar, porque no me fue fácil generar amistades y validarme con mis pares. Aún hoy tengo amargos recuerdos de ese ambiente y me genera animadversión.

Aunque los escenarios son parecidos, aún con una distancia de tres décadas, mi sobrina tiene la ventaja de estudiar en un colegio mixto de educación europea. Y ese elemento diferenciador fue la mejor parte de la charla: le pregunté si dentro de su salón había niños amables, juiciosos y "pilos", como es ella. Hizo un pequeño inventario de sus compañeros hombres, y cayó en cuenta que había hecho "buenas migas" con un par de niños con los que había estudiado.

Ahí estaba la solución para Isabella: la alenté a construir nuevos nexos con sus amigos hombres porque con ellos no tenía la necesidad de competir ni entrar a esa desgastante comparación entre quién es la niña más linda, la más sociable, la más "play" y demás atributos superficiales que nada aportan.

Para fomentar esta idea y generar confianza en ella misma, le conté mi propia experiencia con mis propios amigos del género masculino. Los míos los he venido "coleccionando" con los años, primero desde el colegio mixto en el que estuve por un tiempo en la adolescencia; y se ha perfeccionado con los años, gracias al paso por la universidad en dónde construí amistades entrañables con hombres maravillosos a los que quiero profundamente. (Aclaro, para evitar suspicacias: sin haber tenido ningún tipo de acercamiento adicional a la simple amistad).

Mi mensaje final para Isabella fue: construye relaciones sanas con los amigos hombres. Ellos serán quienes te acompañen a las fiestas, serán tus parejas en los bailes y te cuidarán. Pero más importante aún, es que te darán elementos de juicio diferentes a las amigas mujeres, las cuales siguen siendo absolutamente imprescindibles. Pero los hombres te ofrecerán una visión de mundo diferente, más sopesada, libre de envidias y las hipersensibilidades con las que cargamos las mujeres. Ellos son, en definitiva, un contrapeso ante el peso de ser mujer, pero sin dejar la feminidad y las virtudes de ser mujer.

Hipersensibilidades a flor de piel

En la primera visita que realizó el presidente colombiano Iván Duque a Estados Unidos fue acompañado por su esposa María Juliana Ruíz. Como era de esperarse, esa era la ocasión clave para que la Primera Dama luciera lo mejor del diseño nacional y marcara tendencia en la moda, pero de manera discreta como ella lo es.

Esta era una reunión fundamental para Colombia, pues se iban a discutir temas de altísima relevancia para la política y la economía. Pero todo eso pasó a segundo lugar porque la vestimenta de la señora María Juliana acaparó las noticias, las redes sociales, y las discusiones entre amigos y familiares por su mala elección en el outfit elegido, que la dejaron malherida con la crítica despiadada.

No diré nada más. Juzguen ustedes.
Fuente: https://www.semana.com/nacion/articulo/las-duras-criticas-que-recibio-la-primera-dama-maria-juliana-ruiz-por-su-vestido/601175
Debo decir que yo dediqué dos días enteros a analizar su "pinta", a colgar cada meme que salía y a satirizar la vestimenta de la Primera Dama. Muchas personas hicieron lo propio y se convirtió en un asunto de interés nacional. Reí por horas e hice comentarios que llegaron a lastimar las sensibilidades de algunas mujeres, incluyendo a las de mis círculos cercanos.

Uno de ellos es el de un grupo de amigas del colegio con las que estoy en permanente contacto. Todavía con el "fashion emergency" vigente de la señora María Juliana, se suscitó una conversación en nuestro chat que empezó haciendo algunas observaciones sobre la vestimenta y de cómo una mujer de tanta importancia para el país se vestía de manera inadecuada, para convertirse en una crítica muy aguda a mi manera de tratar a las mujeres, a partir de mis agudos comentarios en las redes sociales.

A partir de eso, creo haber recibido el mismo nivel de crítica que yo le dediqué a la Primera Dama por parte de mis amigas, pero con la diferencia que a mi sí me dolieron los comentarios, porque venían como "fuego amigo" de mis compañeras.

Pongo este ejemplo reciente, pero hay mil más, para llegar a esta conclusión:

Sí, nosotras somos duras al observar a otras mujeres. Nos preciamos de ser solidarias y apoyar a nuestras pares, pero es cierto que las mujeres cargamos con envidias y somos llevadas de nuestro parecer. Esto hay que admitirlo de manera franca: así es la naturaleza femenina. Yo, por lo menos, lo asumo así, porque soy, pienso y actúo como mujer. Para bien y para mal.

Aunque amo ser mujer, y no me imagino cómo sería ser del sexo opuesto, debo decirlo también. Sí: me cansa ser mujer. A veces también quisiera tener un chip de hombre para equilibrar de alguna manera los sentimientos de mujer.

No es mucho pedir, ¿no?













martes, 12 de febrero de 2019

LOS TOROS EN EL CAMPO Y LAS CORRIDAS EN LA CAMA

Acompáñenme a ver esta triste historia:

Febrero de 2008. Domingo soleado bogotano, de esos que invitan a departir alegremente. El ánimo está arriba y el humor es festivo.

Plaza de Toros La Santamaría, ubicada en la céntrica zona de La Macarena de la capital. La primera y muy anhelada fecha de la temporada taurina, que se había hecho esperar un año por parte de los aficionados. 

Estoy vestida con mi mejor "percha", como para lucirme en un magnífico evento. Como en esos donde uno va a ver gente; y si lo logra, ser visto también. Elegancia total: sombrero, chaqueta de cuero. Y la pose acorde a una etiqueta propia de un evento donde se sienta lo más granado, lo más "chirriado" (como se dice en buen bogotano), lo más selecto de la sociedad colombiana: ministros, jet set, gente linda. Los que uno ve sólo en las revistas del corazón.

No era la primera vez que asistía a una corrida de toros. Como me preciaba de ser taurina, o de creer que me gustaban esos eventos, ya me había estrenado unos meses antes en la Plaza de Toros de Manizales con su habitual temporada, en el marco de su Feria anual. Así que el evento en Bogotá prometía ser estupendo.

Mural en la calle 53 con carrera 9a de Bogotá

Yo estaba convencida que me gustaban las corridas: ver el inicio con los caballos, la entrada de los toreros, la llegada del imponente toro de lidia a la arena. Hasta ahí, todo es belleza en el traje de luces, en la capa roja, en la corta embestida del toro que está siendo provocado.

Hasta cuando las banderillas empiezan a apuntar al lomo del animal. Y el torero las entierra cada vez más profundo. Y el toro empieza a botar sangre, bastante sangre. Y a trastabillar. Y a ser confundido por los picadores, los banderilleros y los mozos que asisten al valiente y decidido matador.

Yo pensé que, de verdad, disfrutaba ver este "espectáculo". Que me parecía simpático ver cómo un furioso animal de 400 kilos podía descomponerse de tal manera, que le da al torero la plena oportunidad de darle una estocada definitiva y desangrarlo en la arena. Frente a 10.000 asistentes (aproximadamente), satisfechos por el triunfo del hombre sobre la bestia.

Pero yo me quería morir. Cada estocada al toro me generaba más angustia, más asco, más arcadas. Me dio un afán tremendo por salir corriendo de ese sitio; que aunque es a la intemperie y no tiene puertas en su interior, era imposible irse. Estaba totalmente obligada a terminar de presenciar todo el evento, hasta el final del último toro y presenciar la ovación del torero español del momento, siendo recompensado con las dos orejas del toro y alzado en hombros. Lluvia de claveles rojos y pañuelos blancos al matador.

Graffiti encontrado por ahí

Los toros, en el campo...

Hoy lo pienso y me cuesta creer que ese tipo de eventos aún existen. No sé si el símil sea acertado, pero es como si la civilización occidental aún permitiera la celebración del Circo Romano, donde algún emperador moderno dispusiera a su antojo arrojar a sus contradictores a una arena llena de leones. Sólo por el placer de ver cómo las fieras los devoran desangrados. Insisto: no sé si puedan asemejarse las dos clases de "carnicerías", pero el propósito final es el mismo. Ver la muerte de un ser por el disfrute de la sangre y la muerte.

Para explicar este radical cambio en mi postura sobre las corridas de toros desde ese febrero de 2008, creo que se debe principalmente a tener la oportunidad de convivir con animales (para mi, con Lulú Esperanza, mi perra Beagle). Me explico:

Cuando se está cerca de perros, gatos, o de animales con los que se comparte la vida, la vivienda y hacen parte de la familia humana, el contacto con la naturaleza es muy profundo. Se adquiere una sensibilidad especial hacia esos seres y se crea una relación muy profunda. Y, en mi caso, también se genera un interés por la protección hacia los animales: se logra entender que no son cosas que deberían utilizarse para fines perversos, como las corridas de toros; y que, tal como establece la Ley colombiana, "son seres sintientes".

... Las corridas, sólo en la cama...

Debo confesar que, si hay algo con lo que me declaro una fundamentalista, es con el cuidado animal. Con eso he logrado hacer cambios en mi vida diaria, ante todo con mis hábitos de compra y consumo.

Hace unos meses, encontré una página de una fundación que se dedica a rescatar perros en laboratorios que son destinados para las pruebas de detergentes, maquillajes y demás artículos de uso personal humano. En particular los perros son de raza Beagle, a quienes les provocan crueldad animal. Obviamente me aterré, porque prácticamente era fiel compradora de casi todas esas marcas. Y definitivamente, los humanos somos animales de costumbres, por lo cual estamos habituados a comprar una y otra vez las mismas cosas, sin saber el daño que se genera.

Desde eso me he dedicado a hacer la migración a marcas que no estén relacionadas con la lista de marcas que realizan experimentos en animales. No soy de adquirir artículos orgánicos, pero si trato de cerciorarme que lo que compro no tenga ninguna conexión con las empresas acusadas de crueldad animal.

Pero volviendo a los toros, esto no es sólo una elección de no ir a las corridas (que además son bien caras y pretenciosas, en mi humilde concepto). Para mi ha sido adquirir una sensibilidad, cada vez más profunda, sobre la protección animal y todo lo que eso implica en la responsabilidad que tenemos.

Listado de marcas y empresas que hacen pruebas con animales - Beagle Freedom Project

... Y los toreros, en vías de extinción.

Aquí quiero apuntar a la necesidad de que empecemos a vetar las malas prácticas que atentan contra los animales. No, nos tenemos que inmolar para proteger a un toro en La Santamaría. Pero sí atacar desde el argumento y la movilización ciudadana pacífica para generar presión sobre este tipo de eventos.

No es posible que las autoridades permitan el ingreso de niños mayores de 3 años a las corridas, como si un niño no tuviera la suficiente sensibilidad para ver que la sangre es impactante. Pero hay que ver a los taurinos lamentarse porque les "cortaron el chorro", que se sienten muy ofendidos porque ya nos les permiten ingresar sus "botas" con licor. Y así es todo lo absurdo que encierra esta clase de eventos, sin sentido y sin una razón de ser. 

Entonces, yo me pregunto: ¿qué nivel de atraso tenemos en un país donde estamos afectados por la violencia que cargamos desde siempre, pero hacemos de la muerte sanguinaria de un animal una "fiesta"?

Así que no me cansaré de proclamar hasta que mueran las corridas de toros:

Los toros en el campo. Las corridas sólo en la cama. Y los toreros, en vías de extinción.





















martes, 5 de febrero de 2019

¡FELIZ AÑO NUEVO, CHINO!

¡新年快乐!

¡Xinian Kuai Le!

¡Feliz Año Nuevo!




Quiero abrir el 2019 en este blog, celebrando con ustedes la llegada de un nuevo año. 

No el del 31 de diciembre, de ferias y fiestas occidentales. Hoy empieza un nuevo ciclo, el verdadero inicio que se celebra al otro lado del mundo. El Año Nuevo Lunar. 

Y con esto presente, quisiera traer a mi memoria lo que significó para mi la fortuna de haber presenciado una de las fiestas más maravillosas y llenas de misticismo que pueda haber: el Año Nuevo Chino.


Feliz Año Nuevo, Chino!

China celebra hoy 5 de febrero la llegada del Año del Cerdo o del Jabalí, acontecimiento que mueve a 1.386 miles de millones de habitantes. De lejos, es el éxodo masivo más impactante del mundo, que los lleva a regresar a sus casas situadas en las zonas rurales del país. Y desde hoy se inician el Festival de la Primavera, hasta el 15 de febrero.

Mucho se habla sobre el "Milagro Chino" y el acelerado crecimiento de las ciudades en los últimos 30 años, en particular Shanghai (considerada la capital financiera del país y que tiene 24 millones); de Chongqing (que fue creada en 1997 y hoy tiene 30 millones de habitantes); y de Beijing, la capital, que "sólo" tiene 21 millones. 

Esto es sólo a manera de referencia, para entender la magnitud que significa la "migración a la inversa" que hay a propósito del Año Nuevo. De esa población que se ha hecho cada vez más urbana, con mayores ingresos y con un estatus más alto; pero que regresa cada año a reencontrarse con sus parientes de los pueblos perdidos, de esa China profunda que aún no sale de la memoria de Mao Zedong y vive todavía recordando la -terrible- Revolución Cultural.

Pasajeros en la estación de trenes de Hangzhou - Fuente: theguardian.com
Back to basics

Si hay algo que caracterice la esencia china es el apego a las tradiciones. Los chinos respetan y veneran, más que al dinero (que es mucho decir) esas creencias originales de las que no quieren despegarse aún siendo cada vez desarrollados -económicamente hablando. 

Cada amuleto, cada símbolo, cada color, cada señal que trae el Año Nuevo tiene un sentido absoluto. Más allá del animal al que se venere año tras año, los elementos que hacen parte de su celebración familiar son únicos y permanentes. Son como una "marca registrada" que sale cada año a avisar que es hora de volver a casa. 

Avisos tradicionales que se ponen en todas las puertas (Ni idea que dicen, pero deben ser buenos)

El rojo es imperativo en la ropa, en los adornos de las casas, edificios, oficinas públicas: las lamparitas que aquí reconocemos como las propias de "restaurante chino de barrio", es la decoración infaltable en todos los lugares. Las luces, en general, están en todas partes, porque para los chinos es una forma de ahuyentar los malos espíritus. 

Foto tomada en el pueblo de Wuzhen, durante Año Nuevo de 2012 - Archivo particular

Precisamente por esa fijación que tienen los chinos por espantar a los malos espíritus es donde sale su intensidad ante la pólvora. Ya sabemos cómo y en dónde se creó (esa tarea la hicimos todos en algún momento de la primaria). Pero verla estallar, en todos los colores y magnitudes, y presenciar la magnificencia de unos juegos pirotécnicos chinos es inigualable. 



Fotos tomadas desde una terraza en la zona del Bund, en Shanghai. 23.01.12 - Archivo particular
Las fotos, claramente, no le hacen justicia al espectáculo que realmente es, (perdón por la calidad, era 2012). Ese es un evento en el que puede pasar una hora o más, y los fuegos pirotécnicos no paran; a cuál más brillante y más bello. 

En todas las ciudades hay pólvora estallando sin cesar. Los chinos pueden seguir toda la semana que dura la celebración del Año Nuevo, y no se cansan de "totear" cosas, sólo para ver cómo echa fuego y hace el ruido suficiente para "espantar a los demonios" de sus casas. 

Pero si uno es Occidental, llega un momento en donde no soporta más el "tiroteo" de totes y ya deja de parecerle bonito el fuego pirotécnico de los vecinos chinos, para ser realmente insufrible.

El desastre que quedó en inmediaciones de mi casa del Año Nuevo Chino de 2012 - Archivo particular

En la boca del Dragón

Recién llegada a China en 2012, me recibió el Año del Dragón. En las creencias de los chinos, ese era un año muy potente dentro de su esquema de creencias por la simbología que representa ese animal fantástico: poder, fuerza y buena fortuna. Cuando entendí la verdadera dimensión de la pasión de los chinos por esta imagen mítica y la pirotecnia fue en un viaje que hicimos a Wuzhen, un pueblo absolutamente fantástico, en esos mismos días de la celebración del Año Nuevo del Dragón.

En la noche en la que nos quedamos allá, desde las 12:00 am hasta las 2:00 am, no dejó de estallar pólvora. Obviamente, no había forma de dormir con ese ruido. Y en lo que yo no dejaba de pensar durante ese desvelo era en una idea espantosa, que fue inevitable asociar con algo conocido. Y es que ese debía ser el mismo ruido amenazante que debían sufrir los habitantes de pueblos atacados por los actores alzados en armas en Colombia. Hago este símil, por horroroso que suene, sólo para darles una idea del agobio que puede producir la celebración de un Año Nuevo en China.

Pero, por contraste, les quiero mostrar lo verdaderamente fantástico que pasó en la mañana siguiente:





Estando en Wuzhen, muy a las 7:00 am, un grupo de no menos 20 jóvenes, hizo una comparsa con el dragón, el dueño del nuevo año. La coreografía era sencilla, pero estuvo siempre bajo lo que hacía la cabeza del grupo, que tenía el peso enorme de llevar al mítico animal por todas partes para, en efecto, espantar los espíritus. 

Fue realmente increíble, porque en ese momento los únicos Occidentales éramos nosotros; y, por tanto, no era un show para los Westerners, sino para los locales que madrugaban a participar en la danza del dragón. Simplemente sorprendente. Lo recuerdo como si hubiera sido el pasado fin de semana, así de vívido.

Lámparas de dragón y ave fénix,  instaladas en la entrada al pueblo de Wuzhen - Archivo particular

Otro de los símbolos supremos de los chinos es la unión del dragón con el ave fénix. Es considerada como la pareja celestial: el dragon es el "yang", la energía masculina; mientras que el fénix es el "yin", la energía femenina; y se complementan entre sí para crear un equilibrio yin-yang para cosechar la felicidad matrimonial exitosa. 

Esta pareja celestial es el símbolo del amor eterno y estar juntos es el símbolo supremo de la felicidad conyugal. Simboliza que el hombre y el cónyuge se mantendrán juntos durante todo el tiempo, y que el amor y la pasión durarán hasta el final. 


Presencia y plata 

Aparte de los símbolos y sus tradiciones, para los chinos no hay nada más importante que el dinero. Es prácticamente el "dios" del que son devotos. Justamente, ese ética del trabajo china es básicamente porque a lo único que aspiran es a ser millonarios.

Por tanto, en el infaltable surtido de creencias está el Hongbao, el sobrecito rojo para el dinero de regalo para desear la abundancia y prosperidad de parientes y colaboradores.

Un Hongbao, para poner los billetes uno sobre otro.

Los montos no son como cualquier billetico de $20.000 COP, que uno daría aquí. Para que se hagan una idea, a las colaboradoras del hogar, las benditas Ayi, era tradición darles el equivalente de un mes de trabajo. En billetes de 100 yuanes (aproximadamente $46.000 COP), uno sobre otro. O si no, no volvía después de las vacaciones del Año Nuevo Chino y le dejaba la casa sin arreglar. 

Pero debo decir, a manera de cierre, que una de las cosas que me dejó una grata recordación es esta devoción por los símbolos, los buenos augurios y el reconectarse con lo esencial. Creo que sobre eso hay que intentar conocer a los chinos. Y que si tienen la oportunidad de presenciar en vivo a un país tan vibrante como China en sus celebraciones de Año Nuevo, vale la pena. Así sea por ver los fuegos pirotécnicos y recibir su Hongbao.

Aprovecho para incluir un mensaje especial para ustedes:



¡新年快乐!


























jueves, 27 de diciembre de 2018

EL AÑO QUE VIENE, VUELVO

Al cerrar un año, siempre tenemos la tendencia a ponerlo en blanco y negro. En términos absolutos a partir de los cuales podamos decir si fue o no un buen año; si cada cosa en nuestra lista de resoluciones que vienen del año anterior, y que queremos tener y hacer con toda la determinación posible.

Pero con un análisis más profundo -a veces más feliz, a veces más doloroso-, nos damos cuenta que un año es en realidad una gran escala de grises. Un año no es tan blanco o tan negro como lo pensamos; son escalas más o menos tenues, según la vivencia, la oportunidad, la ganancia o la pérdida.

Si me lo pregunto a profundidad, mi 2018 ha estado pintado de una escala de grises: desde la oscura que llega hasta tocar el negro; hasta las gamas más claras que, casi casi, podrían acercarse al blanco. Pero lo que sí sé, a ciencia cierta, es que este año no fue nada de lo que yo esperaba.  Para lo bueno y para lo menos bueno.

El pensamiento mágico

A mi me fascinan los agüeros. Tengo una especial predilección por aplicarme y ponerme cosas a las que les tengo confianza para que transformen mi futuro. Sagradamente, cada año estreno panties (cucos o calzones) amarillos para la fortuna y la abundancia; o, dependiendo de los deseos, unos rojos por aquello de la atracción del amor. También me unto canela, me baño con jabón de Oro Poderoso, y hasta me hago un enjuague de pies a cabeza con agua de Ruda para ahuyentar las malas energías.

Cucos que incluyen rima para mejorar la suerte -
https://www.civico.com/bogota/noticias/consiga-los-cucos-amarillos-de-la-suerte-para-este-31-de-diciembre

Pero a lo que en realidad le hago la tarea y le pongo toda mi disposición es a la lista de resoluciones. Que quede bien redactada, que sea amplia, específica en las necesidades y peticiones; y que nada me falte por incluir. Que diga la cifra del salario que me merezco devengar, los sitios a los que muero por conocer, o las señas particulares del galán a conquistar.

Calvin & Hobbes sobre las resoluciones del nuevo año

Y aún a pesar de toda la fe puesta en este pensamiento mágico, nada de lo que planeé en la lista para 2018 se ha cumplido. Pero no es una queja, en ningún sentido, si se hace un balance justo.

Así que haré una mirada con espejo retrovisor a este año.

Lo más importante

La salud de todos los que amo y que me rodean.

Uno tiende a dar por sentado la salud, y el bienestar físico y mental. Pero cuando faltan, nada puede funcionar. Por eso doy infinitas gracias por la salud de mi familia, la de Lulú, la de mis amigos y la mía. Como digo siempre: cuando hay salud, todo en la vida se puede hacer.

Una de las mejores cosas de este año fue acompañar a mi mamá en su cumpleaños número 70, que celebró con una fiesta temática maravillosa sobre los años 70. Y en la misma semana, mis papás cumplieron 45 años de feliz matrimonio. Para la campaña de expectativa de la fiesta de mi mamá, hicimos este poster con todos los miembros de la familia (incluyendo a mi Lulú), tomando la imagen del disco "Sargent Pepper's Lonely Heart Club Band" de The Beatles:



Lo más difícil

Como algunos de ustedes saben, llevo un tiempo buscando reubicarme laboralmente. Desde mi regreso a Colombia en 2016 (luego de seis años repartidos en Chile y China), he encontrado serias barreras para encontrar un espacio donde pueda crecer y aportar; y que ojalá paguen bien sin tener que regalarse con 12 años de experiencia.

Como es obvio, el tema económico se golpea mucho, preocupa y genera mucha ansiedad. Y tan grave como la falta de plata, es la afectación a la autoestima: en la intensa incertidumbre de no saber qué es lo que le falta a uno, o qué le sobra, o si tiene más años o más experiencia de la que exigen.

Lo que sí trajo el 2018 es la certeza en querer estar en las comunicaciones, área que cada vez me apasiona más. Y cada vez más, siento que ese es el camino laboral a andar, y no otro. Me he sorprendido a mi misma encontrando habilidades que no conocía y he podido concluir que esto sí es lo mío. Puede ser que el descubrimiento sea tardío, pero tiene un potencial inmenso.

Lo más retador

Este año caí en cuenta de algo que me hubiera gustado poner en práctica desde hace años: mover la cabeza y nunca quedarme quieta. Si algo tuvo este 2018 fue el de estar en una constante búsqueda intelectual. En no dejar que la cabeza se ponga perezosa, mientras se aguarda ansiosamente por una esquiva oportunidad de trabajo.

Ante la incertidumbre de lo laboral, puedo decir que me exigí a mi misma mantenerme activa y en modo aprendizaje constante:

Hice un curso maravilloso de Crónica y Periodismo Narrativo de la editorial Fondo de Cultura Económica, al que le dediqué todo mi corazón, mi tiempo y mi esfuerzo. Los viernes bloqueaba la noche para poder leer junto a Lulú sobre lo mejor que se ha escrito en el género de la crónica; y los sábados me iba feliz toda la mañana a tomar clase con el maestro Sergio Ocampo. Esto me dejó varias lecciones:

Primero: retomé el hábito de la lectura, lo cual me impide aficionarme a cualquier serie de Netflix (sorry, no veo nada y tampoco me interesa), así que soy la peor compañía para ver maratones de series (no me inviten, porque ya saben cómo me pongo).

Lo segundo (que es lo más valioso de hecho) es que encontré en la escritura una verdadera vocación. La tenía guardada y sé que no la quería sacar a la luz por inseguridad y por timidez. Pero tal como dicen los escritores, "encontré mi voz", que se refiere al tono, a las ideas y a las posturas propias que se quieren plasmar en el papel. De ahí, precisamente, sale este blog: de la intención de escribir sobre lo que sea divino y pueda contarse sobre lo humano.

Y lo más sorprendente y maravilloso de todo esto, es que la crónica que escribí para la clase de Sergio ha sido premiada con el primer puesto y será publicada próximamente en el diario El Tiempo (hora de alardear). La crónica "Te Busco" es la historia de una de las 101 víctimas del Palacio de Justicia, en 1985. Sus restos fueron entregados a sus familiares en confusas circunstancias; pero por causa de la desidia institucional, desapareció y volvió a aparecer 30 años después.

El diploma que me acredita como ganadora del primer puesto del curso de Periodismo Narrativo del FCE
La orgullosa cronista en ciernes

Otro de los desafíos para vencer la pereza mental fue el de volver a estudiar. El lindo pero arduo camino de retomar lecturas, participar en clase y preparar trabajos es bien retador. Y más si uno estudia a larga distancia y tiene que lidiar con los husos horarios del Máster y de los compañeros en diferentes partes del mundo. Pero el gusto por aprender y conocer cosas nuevas siempre es sabroso, además de encontrar amigos increíbles, que se vuelven "parceros" del corazón. 

Lo agridulce

Uno de mis anhelos para 2018 era el de enamorarme de nuevo. Por eso, el 31 de diciembre de 2017 cambié mis acostumbrados cucos amarillos por unos panties rojos, pues le pedí al 2018 que me premiara con un amor del bueno.

Pues bueno, no fue tan así. 

Entre sentimientos no correspondidos, ilusiones sin manifestar y enorme falta de entendimiento hacia las nuevas formas de relacionarse psicosexosentimentalmente, el amor del 2018 deja lecciones interesantes y claves para el año que ya llega. Tomen atenta nota:

No insistir donde uno no es tenido en cuenta: cuando hay muestras explícitas de antipatía, falta de interés y distancia, no hay dónde perderse. ¡Next!

La inconstancia es la constante: la gente a la que se le puede decir "toreros", esos que aparecen por temporadas, nunca estarán interesados y no tendrán la intención de ofrecer nada más. Así que no se desgaste.

Back to basics: por favor, hagamos una brigada mundial para que las relaciones vuelvan a ser lo que eran antes. Si está interesado, llame e invite a salir; gaste plata, tiempo y esfuerzo. Esta tendencia perezosa de ciertas personas que ni siquiera son capaces de invitar un café con leche en Juan Valdez, pero que piden sin recato una foto en vestido de baño, debe eliminarse pronto. 

(Mientras escribo estas líneas, parece que el agüero está por cumplir su cometido. Ya veremos).

Lo que se viene

No hay manera de saber que traerá el 2019. Sólo sé que tengo la certeza, la tranquilidad y la alegría de saber que en el 2018 planté las semillas necesarias para que el nuevo año vea crecer esos frutos, en plena abundancia y en terreno fértil.

¡Que así sea!

jueves, 11 de octubre de 2018

#YoNOSoy____

Hoy se conmemora el Día Internacional de las Niñas, a las que celebramos hoy y cada 11 de octubre. Hay quienes se preguntan de la necesidad de instaurar un día para las niñas, pero por qué no para los niños. Una respuesta puede ser porque las niñas son los seres más delicados y frágiles que hay. Son las mujeres en potencia: las que llevan todo el peso de un género que, ante un mundo desequilibrado en muchos sentidos, tienen que buscar la manera de sobresalir, ya sea por su inteligencia, su belleza, su astucia o su fortaleza -o todas las anteriores.

Fantástica campaña de la ex primera dama Michelle Obama: Global Girls Alliance


De las niñas esperamos que se hagan lo suficientemente fuertes y capaces, para que logren competir en franca lid con sus pares hombres -o, que por lo menos, no se dejen aplastar por ellos. De algunas se espera en muchos casos, que sean "princesas": esas bellas inocentes de las que se espera nunca pierdan su ingenuidad; son tan protegidas -y hasta sobreprotegidas- para que no les pase nada, no tengan que enfrentar la vida real; y que, ojalá, nunca pisen el suelo y no bajen de su nube. De las que se anhela que en el futuro encuentren un "príncipe", que las rescate y que jamás las haga sufrir.

Pero, tal como lo veo una y otra vez en las noticias, perdemos a estas lindas princesitas a manos de lo peor de la maldad humana. Tengo la percepción que a las niñas no sólo no las estamos protegiendo lo suficiente, sino que no las incentivamos a que sean capaces de atender las señales de alerta cuando puede haber algún tipo de abuso; a que no se les deje solas ante un posible riesgo para su integridad, salud mental y física, a su propia moral y autoestima.

En esto creo

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Hace pocos días, se difundió escasamente la información de una niña de 11 años en la Costa Caribe colombiana, Génesis, a la que abusaron, torturaron y asesinaron. Las razones no son claras y el objetivo no parece identificarse: ¿por qué hay una maldad desbordada, que es capaz de ensañarse con una niña -con las niñas en particular? ¿Por qué vemos, una y otra vez, que las niñas son las víctimas más comunes, a las que se les ataca con tanta frialdad y alevosía?

Y la única respuesta que dimos ante esta atrocidad:

#YoSoyGénesis

Un caso muy similar ocurrió en diciembre de 2016, que estremeció a la sociedad bogotana: el de la violación y asesinato de la niña Yuliana Samboní, a manos de un arquitecto miembro de una familia muy reconocida.

(Aquí no entraré en detalles, porque el caso fue muy publicitado. Y más aún, no pronunciaré el nombre del monstruo que cometió el acto, por respeto a la memoria de la niña).

Ese caso en particular me llegó hasta lo profundo del corazón. Me afectó a tal punto, que debí ausentarme de todo tipo de noticias y redes sociales, porque lo sentí muy propio y me produjo un duelo profundo. Lo sentí muy cerca, incluso geográficamente, porque vivo exactamente en la mitad desde el humilde barrio en el que vivía Yuliana y el lujoso edificio donde vivía el depredador; desde mi ventana veo el barrio Pardo Rubio y desde otro ángulo, alcanzo a ver el sector de la exclusiva zona G donde está ubicado el apartamento.

Como muchos ciudadanos indignados y tristes, visité su lugar de fallecimiento. Puse flores, prendí velas en nombre de mi familia, oré por ella y por su familia, indígenas de la región del Cauca (al sur de Colombia), desplazados por la violencia por culpa de los actores armados y que llegaron a Bogotá para buscar oportunidades -paradójicamente, para trabajar en las casas de familias ricas como las del asesino de Yuliana.

Y en redes se empezó a difundir un símbolo, como una forma de solidaridad con su memoria. Todos nos llamamos como ella, para no olvidar:

#YoSoyYuliana

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En el curso de estos años, tristemente vemos que han seguido miles de casos más que han afectado la vida de las niñas. Muchas de ellas ni siquiera merecen una mención y, mucho menos, un hashtag en redes sociales.Y me empecé a preguntar:

¿Para qué han servido los #YoSoy______ 
(ponga el nombre de la siguiente niña abusada/asesinada/desaparecida)

A lo que concluí: para nada. 

Es el símbolo más inútil para guardar la memoria de una víctima. No nos la devuelve, no le hace justicia. No nos identifica. 

Nosotros no somos #YoSoy ni Yuliana, ni Génesis, ni ninguna de esas niñas que pertenecen a otras condiciones sociales y económicas; que, tristemente, no tienen la atención y privilegios que tienen las niñas de ciudades, esas princesitas sobreprotegidas que tienen garantizado el cuidado de todos a su alrededor.

Sí: podemos ser solidarios con ellas, porque algunos entendemos los difíciles contextos de donde vienen las Yulianas y las Génesis. Pero un hashtag no hace nada por ellas ni por cambiar las realidades de las otras niñas en condiciones de escasez, atraso e ignorancia.

Cada vez estoy más convencida que ese ciclo vicioso puede empezar a retroceder si se le da a las niñas nuevas herramientas: que tengan las garantías plenas para estudiar, lo que les empieza a dar elementos de juicio suficientes para empezar a tomar su propio futuro. Si tienen mayor información, se puede empezar a contener la tasa de embarazos adolescentes, de violencia intrafamiliar y abuso.

(Ante esto, hay un sinfín de iniciativas poderosas, que han trabajado especialmente con las niñas, que recomiendo conocer: BeGirl, liderado por la colombiana residente en EEUU Diana Sierra; y TirandoPorColombia).

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A manera de conclusión, pensemos en las niñas que tenemos alrededor. 

Las mías, mis sobrinas Isabella (12) y Elisa (5), son dos mujeres en potencia que están creciendo con mucha gracia, inteligencia y belleza. No esperan ser princesas, porque ellas saben que tienen todas las capacidades para ser heroínas de su propia historia. Pero saben que hay niñas que no cuentan su misma historia; pero no es necesario un hashtag para recordarlas. 


























TRAMITOMANÍA PANDÉMICA

En su libro de ensayo, “Pa que se acabe la vaina” (Planeta, 2021), William Ospina hace un retrato fiel y, a la vez, un tanto agobiante del E...